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Todo sobre liderazgo ágil


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Existe una clara la necesidad de cambio de ideología en la gestión de los equipos de trabajo y hemos llegado a la conclusión de que lo que realmente necesitan las empresas son personas que entiendan el liderazgo y la gestión de equipos de trabajo ágiles.

Para que los proyectos puedan tener éxito, necesitan líderes que exhiban comportamientos ágiles. Y, he aquí una sugerencia, un gurú técnico no es uno de ellos. El éxito en los equipos ágiles depende de las creencias del líder y de su actuación. Es decir, su forma de pensar y actuar es tan – o más – importante que lo que saben.

Hoy en día vivimos tiempos de cambio. Cambia el escenario, cambian las reglas de juego y estamos rodeados de incertidumbre. Hay cambios tecnológicos y cambios en los hábitos de consumo. Unos cambios que demandan nuevas formas de hacer negocios y de relacionarnos.

Dada la situación, parece que los nuevos líderes, independientemente del objetivo que lideren, necesitan ser líderes ágiles.

Así es, necesitan ser ágiles para:

  • Relacionarse con el cliente y con el equipo que le acompañe. La empatía y la comunicación efectiva mandan.
  • Gestionar la incertidumbre y tomar decisiones en ciclos cortos de tiempo. La estrategia y la ejecución mandan.
  • Ser competitivos en el nuevo escenario digital que se está dibujando. El T2M manda.

Pero entonces ¿Qué es liderazgo ágil?

Nos podemos encontrar múltiples referencias, interpretaciones y aplicaciones del rol. La mayoría de ellas aplicado a la práctica de “metodologías” ágiles.

El liderazgo ágil es tener la capacidad de reaccionar rápido ante los cambios o, mejor aún, de anticiparse a ellos, o, mejor todavía, de iniciarlos.

Si esta cualidad es deseable en cualquier persona, en aquellas que ocupan posiciones de referencia en una empresa es necesaria… por esa capacidad de arrastre que llevan inherente al cargo. El arrastre es un arma de doble filo, tomando el ejemplo de Moisés, no es lo mismo llevar a tu equipo a la tierra prometida, que meterles de cabeza en el Mar Muerto… o, mucho peor, en un punto muerto. Porque si hay algo que no se espera de un líder ágil es que se quede parado. La táctica de agazaparse y esperar que escampe no parece la más adecuada en los últimos tiempos, porque la lluvia de cambios no va a parar.

Este tipo de liderazgo, como tantas otras cosas en esta vida, se aprende haciendo, a través de la experiencia. Pero se trabaja y se desarrolla de manera introspectiva, si somos capaces de mirarnos con ojos críticos y trabajar nuestras capacidades, será más fácil examinar lo que pasa fuera. En otras palabras no es posible liderar nada si uno no es capaz de liderarse a si mismo.

La visión, la colaboración y la creatividad se vuelven competencias esenciales, y grandes aliadas de la agilidad. Sin la visión no se puede trazar una dirección hacia la que debemos avanzar, sin la colaboración no vas a poder subir a tu vagón a los demás (y recordemos que el líder ágil debe movilizar para poder ayudar a su compañía a acercarse al ritmo de avance de la sociedad), y sin creatividad, bueno, sin creatividad resulta difícil poder trazar nuevas rutas o tener la capacidad de reacción o incluso de improvisación cuando el camino elegido no lleva a ningún lado.

El liderazgo ágil (y el liderazgo en general) es funambulismo. Cuantos más datos obtenemos, más ancha se vuelve la cuerda que tenemos bajo nuestros pies y con más seguridad avanzamos, pero, claro, en un mercado marcado por la competitividad de nada sirve cruzar si somos los últimos en llegar al otro lado. Los verdaderos líderes ágiles se atreven a cruzar el alambre sin saber a veces lo que hay en el otro extremo, con ayudas, con creatividad, y manteniendo el equilibrio…. Y si alguna vez se caen… se vuelven a levantar.